Bocados de realidad

El diario El País publica hoy un reportaje sobre activismo político e Internet. Concluye señalando el carácter “enlatado” de las webs de los partidos: “Cualquiera que visite la página de un particular y la compare con la de los candidatos nota que el político probablemente ni siquiera sepa utilizarla. La vida en estos sitios, las visitas, y los comentarios las aportan los internautas, los activistas, ya sea quiados por consignas de cómo hacer calar los mensajes o sin ellas.”

Por una vez, el análisis periodístico coincide con el académico. Matthew Hindman, politólogo de la Arizona State University, defiende que las webs políticas son para el Business to Business, y no para el Business to Client. Es decir, que no son un instrumento para conectar al candidato con sus electores, sino para azuzar a los activistas del partido. En su libro de próxima publicación, The myth of digital democracy (2008), Hindman publica datos sorprendentes que arrojan un jarro de agua fría sobre la tecno-euforia de los estrategas de campaña. En uno de sus gráficos más reveladores, el autor compara el tráfico que registran las webs de contenido político en Estados Unidos con otras actividades populares en la red, tales como la visita a webs pornográficas, la consulta de correo electrónico, el uso de buscadores tipo Google, y la lectura de medios periodísticos online:

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Volviendo al reportaje de El País, uno de los datos más llamativos es la diferencia de cibervoluntarios entre el PSOE y el PP. Los socialistas tienen 50.000, los populares algo más de 1.000. El abismo podría explicarse, como se dice en el diario, a que el PP tardó más tiempo que el PSOE en poner en marcha este tipo de iniciativa. Otra explicación podría ser la diferencia de uso político de Internet entre votantes socialistas y populares, que podría estar a favor de los primeros. Así ocurre en Estados Unidos, donde (según datos de la General Social Survey citados por Hindman, 2005) los votantes de izquierdas consultan más webs políticas que los votantes de derechas. Cabría pensar en otra posibilidad: Que el voluntariado digital del PSOE fuese diferente del del PP. Si entendemos por cibervoluntarios socialistas a aquellos que reciben los e-mails del partido animando a votar en las encuestas que los medios de comunicación hacen por Internet -ése es el contenido de los e-mails que he recibido hasta el momento- estaremos ante un voluntariado exclusivamente digital y con mucha paja de por medio (recibir e-mails no equivale a activismo). Sin embargo, si los 1.000 voluntarios del PP hacen campaña con el partido en sus respectivas localidades (además de usar Internet) estaremos ante un voluntariado más efectivo y de mayor alcance (pues no estára limitado al reducidísimo círculo digital que nos revela Hindman).

En lo que no se equivoca el PSOE es en su próxima campaña de publicidad en el Messenger (así lo anuncia en El País). El chat en tiempo real es sumamente popular entre los adolescentes y adultos jóvenes, quizá más incluso que el propio correo electrónico.

Referencias:

Hindman, M. (2005). The real lessons of Howard Dean: Reflections on the first digital campaign. Perspectives on Politics, 3(1), 121-128.

Hindman, M. (2008). The myth of digital democracy. Princeton, NJ: Princeton University Press.

Dime dos cosas

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Hace unos días reflexionábamos en este blog sobre la superposición de los mundos virtual y real. Internet ya no es el ciberespacio, la otra dimensión. De hecho, como recuerda Richard Rogers, de la fundación Govcom, es imposible ya escaparse a ese otro mundo digital. Si tecleamos “Google.com”, la pantalla nos vuelve a clasificar dentro de nuestras fronteras nacionales (“Google.es”). Algo parecido ocurre con algunos anuncios online, que leen nuestra dirección IP y nos ofrecen conocer “chicas en Madrid” (o en aquella ciudad desde la que nos conectemos).

Gran parte del éxito de la histórica campaña de Howard Dean en Estados Unidos radicó en su capacidad para hacer palpable, real, la apuesta de su candidato. Con sólo introducir dos datos (una dirección de correo electrónico y el código postal) uno podía recibir convocatorias de reuniones o actos de campaña locales. Esta práctica es ya universal entre los candidatos norteamericanos. Basta, por ejemplo, con visitar la web de Barack Obama e introducir una dirección de e-mail y un código postal cualquiera. Inmediatamente el usuario recibirá información sobre la oficina de campaña más cercana a su domicilio, o sobre grupos locales de apoyo al candidato. No es necesario dar un nombre real, ni ningún número de teléfono móvil. El internauta desconfiado puede facilitar una dirección de correo secundaria (las estadísticas nos dicen que casi todo el mundo tiene más de una dirección de e-mail) y decidir sobre un mayor grado de implicación en el futuro.

En cambio, si queremos hacernos voluntarios del PSOE, deberemos introducir, obligatoriamente, nombre, apellidos, e-mail y número de móvil. Para ser Voluntario Popular uno ha de indicar, además, su municipio de residencia. En ambos casos la cantidad de información personal me parece excesiva, sobre todo el número de móvil, jugoso dato para, suponemos, hacernos llegar mensajes SMS del respectivo partido. El PSOE no pregunta por el lugar de residencia del potencial militante, por lo que pierde la oportunidad de ofrecer información de interés local.

Sin más datos que una dirección de e-mail y un código postal, mi cuenta de correo secundaria recibe un goteo continuo de actos locales (indiqué un código postal del centro de Chicago) relacionados con Obama. Tras introducir datos falsos en el formulario de voluntarios del PSOE, he recibido un par de e-mails invitándome a votar en una encuesta de El País e informándome de las iniciativas de TVE, Antena 3 y La Sexta para preguntar a los candidatos. El PP, quizá consciente de mi ficticio nombre y apellido, no me ha enviado un mísero e-mail.

Conclusión: Es mucho más fácil, y menos oneroso en cuestión de privacidad, hacerse voluntario de Obama que de Zapatero o Rajoy.

Los partidos españoles parecen recelar de los correos electónicos, que el usuario podría ignorar con facilidad, y apuestan por coleccionar números de teléfono móvil a cualquier precio. Ésa es la finalidad de la última jugada del PP, la web “Tu Propuesta en 30 Segundos”. Lo de menos es la propuesta (la posibilidad de que el usuario envíe un vídeo que podría formar parte de los anuncios de campaña). Lo importante es el juego del móvil, en el que tras introducir nuestro número podemos oír a Rajoy invitándonos a participar en la campaña.

La nueva web del PP consigue dos logros relevantes: El primero, crear ‘buzz’ en los medios de comunicación convencionales. La novedad de Internet como instrumento de campaña es un valor-noticia al alza y, dado el carácter audiovisual de la iniciativa (el vídeo de la reunión de ‘maitines’) su reproductibilidad en los telediarios está garantizada. El segundo logro es, cómo no, colectar un dato altamente personal (el número de teléfono móvil) a través de un juego que uno puede practicar sobre uno mismo o sobre uno o varios colegas (¡más números de teléfono móvil!). En sólo un día, cuenta El Mundo, el PP ha recogido en su base de datos 20.000 móviles y otros tantos nombres. “Dime dos cosas”… y moveré el mundo.

Addenda (5 de febrero de 2005): “Rajoy se queda sin saldo”, titula El Mundo. En la noticia se dice que la iniciativa “ha muerto de éxito” y se recogen declaraciones de Génova en las que se garantiza que no se hará ningún uso de los números de teléfono móvil introducidos por los usuarios.

L@s voluntari@s ciberprogresistas entran en escena

Visto en El Confidencial.com.