El teoconservadurismo español enseña músculo

28-D y 30-D. El día de los inocentes, y el día de la Sagrada Familia. El día de las manifestaciones ante las clínicas abortivas, y el día de la marcha por la familia cristiana en Madrid. La primera convocatoria apenas reunió a un centenar de personas, la segunda a cientos de miles.

Las concentraciones del 28-D tuvieron una nula repercusión en las portadas de la prensa del día siguiente. Tan sólo La Razón hacía referencia a una entrevista con un ex empleado de una de estas clínicas, pero sin mencionar las manifestaciones en primera página. Libertad Digital dedicaba a las concentraciones una de sus fotos del día, pero sin desarrollar el tema a modo de noticia. Según este portal, unas 150 personas se manifestaron ante las clínicas madrileñas.

La marcha del 30-D, sin embargo, fue multitudinaria. Las cifras varían (dos millones según los convocantes, más de un millón según la Comunidad de Madrid, 160.000 personas según los cálculos de El País) pero el impacto visual de una plaza de Colón llena hasta la bandera es suficiente para certificar el éxito de organización.

En la misma semana se produjeron dos concentraciones de temática afín y desigual resultado. ¿Cómo explicar el relativo fracaso de la primera y el rotundo éxito de la segunda? Quizá una de las posibles respuestas se encuentre en sus organizadores y su respectivo apoyo mediático. Alternativa Española no parece tener resonancia más allá de su propia web y Radio Intereconomía, mientras que la iglesia católica contó con una amplia cobertura para sus actos en la Cadena Cope, Libertad Digital, ABC y La Razón. Libertad Digital llevaba días publicando un banner bajo su cabecera, con información sobre cómo llegar a Madrid para asistir a la concentración en la plaza de Colón. La Cope, principal órgano de comunicación de la iglesia católica, ofrecía la cobertura más exhaustiva de todos los medios: Entrevistaba la víspera del 30-D al cardenal Rouco Varela, insertaba cuñas publicitarias los días previos a la manifestación y emitía un programa especial en directo la mañana del domingo. ABC informaba el sábado sobre los preparativos de la concentración y publicaba un artículo firmado por José Ignacio Munilla, obispo de Palencia, en el que adelantaba una de las ideas fuerza de los ulteriores discursos en la plaza de Colón: “El laicismo imperante condena a nuestra cultura a la orfandad moral y espiritual.” El propio domingo, día de la manifestación, las declaraciones del cardenal Rouco abrían a cinco columnas las portadas de ABC y La Razón.

Independientemente de su mayor o menor concurrencia, lo cierto es que las manifestaciones en la calle han sido un fenómeno más propio de la derecha que de la izquierda en la presente legislatura. El País reseñaba en su portada del sábado un artículo del sociólogo Salvador Aguilar que reflexionaba sobre esta paradoja. Según el autor, las más de veinte protestas encabezadas por la derecha desde enero de 2005 se explicarían, en primer lugar, por el deseo de mantener tensa y unida a la base social del “universo derecha” y, en segundo lugar, por la apropiación de la ideología y prácticas de la derecha neoconservadora norteamericana. Esta nueva “derecha radical”, comenta el sociólogo, pelearía por el poder en los límites de la ética democrática. “De ahí –escribe Aguilar- la victoria “trabajada”, agónica y dudosa de Bush sobre Gore en su primera elección, la resentida y bronca pérdida de las elecciones generales italianas por Berlusconi o la teoría conspirativa del PP español sobre el 11-M”. El autor apunta, además, que las manifestaciones callejeras de la derecha no son indicativas de la existencia de un movimiento social, sino que responden a una “macroorganización de intereses” que podría contar incluso con un “centro de operaciones profesionalizado”.

Continuando esta línea interpretativa, El País publicaba al día siguiente, el 30-D, un reportaje que podría contribuir a introducir en el léxico político español un vocablo común en la política estadounidense e italiana. Nos referimos a la palabra ‘teoconservadurismo’, que El País define como “una ideología neotradicionalista que lleva en su seno la vieja tentación de imponer al conjunto de la sociedad las normas morales propias de la iglesia”.

Manifestaciones ante clínicas abortivas y protagonismo central de los teocons. Continúa, pues, la americanización de la política española, que ya no se limita a los vídeos de Youtube o al carácter presidencialista de la propia contienda electoral.

Addenda (2 de enero de 2008):El PP evitará dar apoyo expreso a los antiabortistas en vigilia electoral” (El Periódico de Catalunya)