Sobre el primer debate

Me piden una colaboración las gentes de Público. La publico aquí entera, consciente de que mi concisión no ha sido suficiente y poder completar los recortes necesarios para integrar otras voces en el reportaje que sacarán este fin de semana:

Me preguntaban por los aciertos y errores de cada candidato:

A mi entender, ambos candidatos compartieron varios errores.

El primero, la repetición del mismo discurso antagonista desplegado durante cuatro años. Dudo que un solo espectador se fuese a dormir sorprendido. Sospecho que bastantes lo hicimos decepcionados. Apenas se apartaron del guión que llevaban escrito. Sólo intentaron anclar el voto ya decidido y generar una movilización de votantes contrapuestos: Zapatero a los asustados por “la derecha” y Rajoy a los ilusionados por una posible (pero muy improbable) victoria del PP. De hecho, fue un remake del primer debate electoral de 1993. Al no haber practicado durante 15 años hicieron lo mismo que hace más de una década: ZP buscó el empate técnico y Rajoy la victoria por puntos. Es posible que ambos lo consiguieran, a la luz de las encuestas y de su traducción por las hinchadas mediáticas respectivas.

El segundo error de ambos candidatos fue la deslegitimación del adversario sin aportar apenas datos o argumentos. Esgrimieron los gráficos como los trileros sus cartas, sin apenas mostrarlas al público ni someterlas al contraste del contrincante. No hubo interlocución, excepto con la cámara en los discursos iniciales y finales.

El tercer error común fue el énfasis en las descalificaciones ad hominem y centradas en el pasado. Las descalificaciones además eran totales, excluyendo acuerdos o consensos futuros en cuestiones clave. Ambos líderes representaron la bipolarización antagonista que, según nuestros estudios, define la situación política actual e impide integrar otros actores y discursos (por ejemplo, los nacionalistas periféricos o IU), presentándolos como prescindibles e innecesarios para gobernar este país.

El error mayor de Zapatero fue la insistencia en el “y tú más… y antes que yo”. Al aplicarlo a asuntos tales como la inmigración o la forma de Estado, el PSOE renunció a concretar su oferta electoral y la dejó desdibujada. Dio pábulo así a quienes afirman que ambos partidos apenas se diferencian y a las críticas del PP de indefinición y oportunismo del Gobierno.

El mayor error de Rajoy fue enfatizar tanto su perfil antagonista que dificilmente movilizará al electorado de centro izquierda que no está con Zapatero. Pero bueno, se trataba de fijar el suelo electoral que le mantiene dónde está.
En cuanto a los aciertos. Zapatero fue el único que intentó arrancar una respuesta comprometida del adversario, en el tema del trasvase del Ebro. Estuvo hábil señalando el bajo perfil de Rajoy como ex-Gobernante, sobre todo en el tema de la seguridad y la inmigración. Pero pudo haberlo culminado mejor. Cuando competía con Rajoy en cuántos “ilegales” se le habían colado a él y a Rajoy sólo le faltó arrogarse los tiros por la espalda en la verja de Melilla con los que inauguró su Gobierno. Sin embargo aprovechó, como el yudoka, el impulso del contrario para, en ocasiones, representarle como agresivo y amenazador.

Entre los aciertos de Rajoy destacaron cómo logró zafarse del 11-M y la Guerra de Irak, enterrando ambos temas en el pasado y atribuyéndoselos sólo a Aznar. Aprovechó la defensa de los “intelectuales” “comprometidos” que hizo Zapatero, erigiéndose en defensor del ciudadano “común” y abrazando el discurso neoconservador de que los progresistas han olvidado al pueblo. Y, por último, le birló al PSOE el tema de la vivienda (dirigido a votantes jóvenes) y finalizó con la metáfora de España como una niña, para arrogarse el tema de género (otra de las bazas electorales del Gobierno). Quienes ven esto como un error, se equivocan: reparen en cómo ha permanecido en los medios gracias a esto… y de eso se trata, de que el debate reverbere y tenga eco. La niña es la España que quiere cuidar el PP, adorable y nada amenazante, lo contrario a la del aguilucho y el tricornio.

Mi impresión general es que, como en los combates con tongo, ambos púgiles salieron del ring como habían llegado. Pareciera que nunca pretendieron, y que no arriesgaron más, por incapacidad propia o del contexto. Como boxeadores sin cintura, escogieron su terreno más favorable y apenas lo abandonaron. Es a lo que están acostumbrados: a dirigirse al electorado de forma unilateral y antagónica.

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